Vómito
Lo veo tan mal, tan destrozado. A él, que es tan fuerte. A él, que es tan fuerte pero que se viene rompiendo un poquito cada día. Desde hace años. Y cuando finalmente se estaba armando de nuevo, cuando estaba recuperando todas sus partes, vienen ellos, ésos putos del orto, y le pegan con un hierro. Y lo desarman, y quedan sus pedazos flotando por el aire.
Qué cosa más loca es la familia... A veces uno los odia, a veces uno no los banca, pero cuando uno de los miembros está mal, su dolor es más fuerte que el propio dolor. Nos volvemos espejo el uno del otro y estamos todos ahí, unidos, agarros, sostenidos por ése dolor.
Putos desagradecidos, malparidos... Van a hacer sufrir a mis sobrinos. A ésos dos chiquitos que ya crecieron demasiado a fuerza de dolor. Les van a sacar la poca infancia que les queda con preocupaciones que no son para su edad. Como si ya no se hubiesen preocupado muchas veces por cosas que no son para su edad. Van a aspirarles a la fuerza la poca inocencia que quedó en ellos. Los van a hacer crecer a patadas. Como crecí yo. La puta que los re mil parió.
Y encima tienen a mi viejo sin dormir desde hace una semana. Y a mi vieja destrozada. Bastante preocupados estaban ya los pobres con los rollos de mi hermano más grande como para que ustedes, hijos de la chingada, lo hagan preocuparse por él. Por él, que les dio su vida.
Pero él va a renacer. Como ya lo hizo otra vez. Como el fénix. Y ahí cuidate. Vos, perra. Cuidate que no te vuelva a coger.

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